Atención Temprana (AT) comienza el nuevo curso implantando el modelo centrado en la familia, implicando a los padres en el tratamiento de sus hijos. El confinamiento provocó la teleintervención y la estrecha colaboración de las familias, y los profesionales subrayan los beneficios de este modelo, en el que llevan años formándose.
Una de las claves reside en destacar las cualidades familiares, para capacitar a los padres, de forma que “sean cada vez más independientes y adquieran mayor control sobre sus vidas y una alta calidad de vida para sus hijos”. La directora del área infanto-juvenil, Maite Echegaray, asegura que los centros de AT “no deben ser espacios donde se trabaje de manera artificial y aislada las capacidades que uno debe desempeñar en la vida… Uno de los cambios importantes es que las familias intervienen en el tratamiento de sus hijos: tanto de manera presencial entrando en las sesiones, como adaptando ese trabajo en las actividades de su vida diaria”.